
Empresas globales evalúan impacto del conflicto en Irán
El alza del petróleo y la caída de bolsas reflejan el nerviosismo empresarial ante una posible disrupción del suministro energético en Medio Oriente.
Los mercados financieros iniciaron la semana con movimientos mixtos tras los recientes ataques de Estados Unidos a instalaciones iraníes. Mientras el precio del petróleo subió brevemente, los mercados accionarios en Asia y los futuros de Wall Street registraron pérdidas moderadas, en un entorno marcado por la incertidumbre y el temor a una posible escalada en el conflicto.
El crudo Brent subió hasta un 5.7 % al inicio de la jornada asiática, aunque luego se estabilizó en torno a los 76 dólares por barril. El WTI también avanzó, alcanzando su nivel más alto desde enero. Analistas advierten que un posible cierre del estrecho de Ormuz podría llevar el Brent a 90 o incluso 110 dólares por barril, con implicaciones directas en la inflación global y los costos operativos para múltiples industrias.
Los inversionistas adoptan una postura de cautela ante la posibilidad de represalias por parte de Irán. La directora de análisis de Banco Base, Gabriela Siller, explicó que la percepción de riesgo está moviendo los capitales hacia activos refugio, debilitando a monedas como el peso mexicano, que se depreció más del 0.5 % frente al dólar durante la noche del domingo.
A pesar del aumento inicial en los precios del crudo, el tránsito por el estrecho de Ormuz —arteria vital por la que circula una quinta parte del petróleo mundial— no ha sido interrumpido. Expertos señalan que una disrupción significativa en esta vía sería “una pesadilla logística” para los mercados energéticos y comerciales. Sin embargo, la vigilancia internacional sobre esta zona sigue siendo alta, lo que modera los temores inmediatos.
Algunos analistas consideran que el mercado ha empezado a “normalizar” el riesgo geopolítico, absorbiendo una prima de riesgo de aproximadamente 10 dólares por barril. No obstante, una escalada militar real, especialmente con consecuencias sobre el suministro, podría modificar esta aparente calma.
En este contexto, empresas con fuerte exposición a insumos energéticos y cadenas logísticas globales deberán estar atentas a la evolución de la crisis. Si bien se contemplan alternativas —como oleoductos desde Arabia Saudita o reservas estratégicas—, el mundo empresarial no cuenta con reemplazos inmediatos para el flujo por Ormuz. La prudencia y la diversificación de riesgos vuelven a ser claves para la gestión corporativa.










