
Empresas frenan compras por arancel del 50% al cobre
El nuevo arancel del 50% al cobre, que entrará en vigor el 1 de agosto, está reduciendo la demanda e interrumpiendo cadenas industriales clave en EE.UU.
Las nuevas medidas del presidente Donald Trump para imponer un arancel del 50% al cobre importado han comenzado a transformar de manera anticipada el comportamiento de la cadena de suministro industrial en Estados Unidos. Aunque la medida entrará en vigor oficialmente el 1 de agosto, las compañías ya están cancelando pedidos, ajustando compras y reconfigurando inventarios para enfrentar un entorno de costos más altos.
Esta decisión, que supera las expectativas del mercado, podría redefinir las estrategias de compra en sectores que dependen del cobre, como la construcción, la electrónica y la manufactura.
Empresas distribuidoras como RM-Metals, con sede en Nueva Jersey, ya están aplicando recortes. Su vicepresidente, Sam Desai, confirmó que han reducido sus importaciones en un 25% desde que se anunció el arancel, cancelando pedidos y acumulando producto en inventario. Este tipo de respuesta anticipa una desaceleración en la demanda comercial del cobre en todo el país.
La presión no es menor: los precios del cobre en la bolsa Comex de Nueva York han aumentado un 38% en lo que va del año, en comparación con el 10% registrado en la Bolsa de Metales de Londres. Esta brecha refleja el costo extra que los fabricantes estadounidenses ya están absorbiendo y que, con los aranceles, podría ampliarse aún más.
La especulación previa a la entrada en vigor de la medida también disparó el almacenamiento: los inventarios en almacenes certificados por Comex alcanzaron su nivel más alto en siete años, como resultado de un aumento en las importaciones estratégicas durante el primer semestre.
Esta dislocación de precios y comportamiento empresarial revela cómo una política arancelaria puede generar distorsiones en industrias clave. El cobre, considerado un termómetro de la economía, está presente en sectores tan diversos como los electrodomésticos, las telecomunicaciones y los chips de computadoras. La actual dinámica anticipa que muchas empresas optarán por agotar existencias antes que realizar nuevas compras, lo que podría desacelerar ciertos segmentos manufactureros y reconfigurar su estructura de costos.
Para las compañías estadounidenses, este escenario plantea decisiones estratégicas urgentes: reestructurar contratos de suministro, buscar sustitutos del cobre o trasladar parcialmente los costos a los consumidores. En un año electoral, las consecuencias económicas de los aranceles al cobre podrían extenderse más allá del comercio internacional y afectar la competitividad de sectores industriales enteros. La atención del empresariado está ahora centrada en monitorear los efectos reales a partir del 1 de agosto.










